Yoga estático vs. yoga dinámico

¿Qué es mejor, mantener un āsana por largos periodos de tiempo absorto en el fluir de la respiración, o hacer fluir el cuerpo en una secuencia de posturas durante un periodo largo de tiempo? La respuesta obvia es otra pregunta: ¿mejor para qué?

Es oportuno señalar que, Patañjali, en el segundo libro del yogasutra, dice que la postura debe ser estable y cómoda, y por el contexto y comentario , es licito pensar que se refiere a cualquier postura que induzca a un estado meditativo, y a cierta relajación.

Los adeptos a los yogas de tipo dinámico pueden argumentar que una cosa es la postura y otra la transición de una postura a la siguiente, sobre lo cual Patañjali no dice nada; y que el estado meditativo no depende exclusivamente de la quietud física, sino de la interna o mental. Ahora bien, un conjunto de posturas fluidas y encadenadas, donde el acento se pone en las transiciones y la fluidez (el célebre flow) ya tiene nombre: danza, por ejemplo.

Encadenar āsanas de forma dinámica es algo relativamente reciente, que podemos encuadrar en la “occidentalización gimnástica” del yoga de finales del s. XIX y principios del XX. Pienso, además, que la movilización y fluidez de las posturas encaja muy bien en una “modernidad líquida” (Z. Bauman), donde los grandes relatos están extintos, ninguna Verdad nos sustenta y detenerse equivale a quedar atrás, obsoleto. A mi entender, sin embargo, es necesario detenerse, no sólo por sus ventajas más obvias, sino por su valor simbólico: no soy únicamente yo quien se detiene, es el mundo el que también se suspende. Quizás entonces, uno encuentre su lugar… Mientras tanto, el āsana quiere hacer del cuerpo un lugar habitable, y para lograrlo se necesita atención y tiempo de elaboración y de asimilación (lo que hoy día se llama activación muscular y entrenamiento cognitivo).

En mi opinión, los encadenamientos, en el yoga, son un complemento al trabajo de postura “estática” (el āsana), que pueden realizarse como preparación (“calentamiento” muscular y movilización articular) y/o como trabajo dinámico en sí para la resistencia y la coordinación muscular. Pero los encadenamientos no pueden sustituir el trabajo profundo del āsana.

Me encantan y divierten mucho los encadenamientos, por eso también los practico, pero el āsana tiene algo especial: detenerse ahí es como buscar la manera de abrir el cofre del tesoro al filo del abismo, rozando el vacío, intuyendo que al abrirlo es justamente Eso lo que habrá dentro: el buscador, el tesoro y el encuentro.

 

Anuncios

La postura más difícil es la más fácil

¿Cuál es el asana más difícil?

Probablemente ya estés pensando en alguna postura sobre las manos, vertical e invertida, o alguna de aquellas imposibles por retorcidas. Sin embargo, el asana más difícil es, a mi juicio, shavasana: la postura del cadáver. No lo es (la más difícil) sólamente porque al tumbarnos lo hagamos sobre el barro que trajimos, ni por el sopor del mundo que vertemos sobre el mundo, ni por la bruma de las palabras con que se dice el pensamiento, ni por la rigidez del nombre que nos grabaron a fuego; lo es por el fantasma que nos acompaña, señala y zarandea, a todas horas, cada día.

Shavasana es difícil porque no parece una postura (representa una no-postura), y porque a veces (y por eso) creemos que podemos salir de ella y lograr quedar suspendidos en la nada, libres de la cultura, de la tribu, (súper)solos, como quería Nietzsche. Da igual si ataraxia o nirvana, se pueda lograr o no, shavasana nos recuerda que no va a ser en virtud del tipo de sacrificios (hacer sagrado) a los que estamos acostumbrados.

La postura más difícil es siempre la del abandono, la que recuerda lo transitorio (de la vida y de todo), la que da la muerte para empezar, la que propone que estar suspendido en la nada es un momento imprescindible por el que pasamos (o nos posamos) todos. Y sin embargo, shavasana, también es la postura más fácil: sólo hay que tumbarse y esperar, a que llegue la inspiración, por fin, o las ganas de marchar (¿de nuevo?).

¿Cuál es para ti el asana más difícil?

mala-beads-688163__180

Livianos

lint-711890__180

La misión, el objetivo último del yoga, aquello que lo hace ser lo que es, podríamos llamarlo “liberación” (moksha) que, originalmente, implicaba liberar el espíritu de la materia (del samkhya al vedanta, cada tradición propuso matices sobre lo que sea la “liberación”). Si entendemos “liberar” como la acción de quitar obstáculos, dará igual si son las cadenas del karma o las del cansino “tener-que-ser-así”, porque en todo caso sentiremos la descarga.

Para hacer de esto mi primera declaración de intenciones, diré que el pensamiento hindú nos ofrece una rica variedad de metáforas para la vida, y que como la buena obra de arte o como la buena conversación, el yoga permite que nos sintamos más livianos…